Cultura

LOS ÒRISA MÁS REPRESENTATIVOS EN AMÉRICA
Para el credo Yoruba los Òrisa son energías, fuerzas, atributos vivientes, dramatizaciones y revelaciones de una compleja idea religiosa .
Son los Òrisa quienes poseen el privilegio de trasmitirle directamente a Olodumare aquello que los hombres les solicitan, para que el decida otorgar o no dicho pedido. Y es el Òrisa Esu, custodio del “Ase” de Dios, quien lleva a cabo todas las súplicas de los humanos. Y partiendo de dicha afirmación, sin Esù el desequilibrio sería total, no habría existencia.
A diferencia de los guías, espíritus o entidades que utilizan al médium como puente de incorporación, los Òrisa se manifiestan además diferentes formas.
Quiero hacer mías las palabras de Chistopher Omoloye Fajemirokun cuando asevera que “… El culto a los Òrìsá presupone una naturaleza viva, animista.
Tienen su nombre propio, sus formas antropomórficas en las que se intenta ubicar los diversos aspectos del poder espiral de la creación que todos habitamos.
La palabra Òrisa está ligada a la cabeza ( orí ). La cabeza es el contenedor y símbolo visible de la esencia de la personalidad de cada uno. La cabeza espiritual es aquella que rige el destino personal antes de nacimiento; contiene y expresa el espíritu de un ancestro encarnado…”
En mi opinión, los Òrisa no tienen día ni hora específicos, todos los días son para todos y cada uno; somos nosotros, los seres humanos quienes por la necesidad de tener un orden les hemos dado días concretos de culto.
Es por esa razón que en muchas Naciones ( tribus, líneas o corrientes religiosas ), se rinde homenaje a un Òrìsà un determinado día de la semana, y en otra tribu o nación se agasaja a la misma deidad en otro día distinto.
En rigor de verdad, tampoco hay lugares específicos para despachar sus ofrendas, dado que sería muy complicado por ejemplo, servirle a YEMOJA en el mar, en un lugar como Buenos Aires donde se deben recorrer 400 kms. para ver el mar. Por esa razón las casas de religión poseen lo que se denomina cuarto santo y es el lugar en que se sirven las comidas votivas y donde se realizan los rituales iniciaticos.
Allí está concentrada la energía del Òrisa regente del templo, junto a los demás eledá de culto.
Si bien las comidas votivas forman parte de la tradición, los Òrisa aceptan todo tipo de alimentos, siendo de uso común en muchas casa religiosas servirle a Bará, o depositar en el altar, una porción de la comida de los miembros de la congregación que viven en el lugar, como ofrenda de agradecimiento por el pan dado cada día.
El acto en si se lleva a cabo cualquier día de la semana, donde cada comensal retirará una pequeña porción de su comida, la dejará enfriar en el centro de la mesa y cuando esté a temperatura ambiente, un iniciado se encargará de llevarla al cuarto de Bará o al Pegi, presentándola a los Òrisa quienes en unas cuantas horas recibirán su “esencia”. Luego, en el día siguiente se despachará en un verde, o en la puerta del templo‚ para que los perros la coman.
Esta costumbre no forma parte de una obligación ritual, más bien responde a tradiciones que van pasando de jefes a discípulos. Es por esa razón que todo creyente debe respetar el Asè de todo templo sin criticar. Es de necios creer que los cambios en las ceremonias o la diferencia de días de culto a un Òrisa determinado, hacen de ese ILE un lugar sin cultura religiosa. No debemos llamarnos a engaño; la heterogeneidad de los rituales públicos si bien es cierta, no deja de ser totalmente homogénea en cuanto profundizamos en las raíces de la religión.
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